Imaginación, tal vez.

Salir del colegio, ir corriendo hacia la salida, emocionada, llena de alegría.
Buscarte, buscarte entre toda la gente, amigos, compañeros de clase, gente de otros colegios...
y ver que no estás.
Poco a poco voy cambiando la expresión, ya no llevo una sonrisa, sino cara de preocupación.
Y se va atenuando, hasta que llego a estar completamente defraudada.
Defraudada no por ti, sino por mi. 
Sí, es verdad que no estás, pero peor es lo mío, que espero que estés ahí, y nunca, nunca estarás.
Ni en la puerta del colegio, ni en mi casa, ni en la calle, ni en aquel banco, ni en el metro, en ningun lado.
Ya solo quedas en mi cabeza.

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